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Adiós…

Indiscutiblemente fue un adiós, pero no fue ese adiós simple y momentáneo que estaban los dos acostumbrados a darse después de cada pelea. Ella, esta vez, sintió que era definitivo.

El adiós fue seco, cargado de rabia, también de dolor y hasta con una pizca de odio; la dosis de disttancia se compartió para ambos; y ella otra vez, lo sintió definitivo.

Este adiós fue uno de esos que se atraviesan en la garganta, y aunque el tiempo se encargaría de disolverlo, siempre queda ese gusto a amargura que cubre la memoria, pero también el corazón; por eso ella, volvió a sentirlo definitivo.

El adiós fue culpa de él o de ella, no se sabe distinguir, mientras se mezcla cual droga que corre por las venas los deseos de gritar: !no te vayas, no me dejes, no te alejes! Aunque ella sabe perfectamente que ya no hay vuelta a atrás, que ya todo está dicho, y no le queda más remedio que, acostumbrarse, esta vez, a ese adiós definitivo…

Ella te espera…

senderoElla descubrió otros caminos por los cuales transitar… Al inicio sintió algo de miedo, se supone que lo desconocido asuste, por lo menos un poco.

Entonces persistió ese sentimiento confuso, que a veces no deja que la persona avance y desvista otros senderos, tropiece con otras piedras o huelas nuevas flores.

Sin embargo, ella fue curiosa, y la curiosidad se transformó en valentía, por supuesto, con el coraje no desaparecieron por completo los temores. Así decidió arrojarse a la aventura; y fue descubriendo poco a poco que también podía convertiste en Cristóbal Colón (versión femenina) y explorar ese nuevo mundo que florecía dentro de ella.

Él la ayudó a sondearlo, conocerlo, colonizarlo, a expresar con cuerpo y alma lo que creía muerto, indescifrable, inaudito. Él le hizo olvidarse la decencia innecesaria, le enseñó a respirar con otros ritmos, a ver los colores desde otra óptica. Él la enseñó a que ser mujer no significa vivir de meras apariencias, sino de vivir con intensidad y tener la actitud correcta en cada momento, situación… sin temor a que el otro piense mal.

Ella aprendió con él que el amor no admite hipocresía, que es de sinceridad, y de dolor cuando es necesario, que se fortalece con la confianza, y que esta se cultiva poco a poco, pero cuando se quiebra es como el cascarón de un huevo, que al romper no puedes unirlo más.

Así pasaron el tiempo, juntos. Ellos vivieron muchas cosas, descubrieron el idioma de sus cuerpos y el significado de cada uno de los latidos de sus corazones.

También caminaron tomados de las manos como las más hermosas e ingenuas criaturas, enfrentaron el mundo juntos, lucharon, sonrieron, fueron felices.corazon

Pero luego ella volvió a sentir vacío, le susurro en el oído ese espantoso sonido de la soledad, ese sonido que ya conocía y ahora se hacía más intenso, más cruel, porque él ya no estaba. Además un dolor le fue golpeando sin piedad su corazón y cayó en el piso hecho pedazos.

Sin embargo, el tiempo pasó y ella fue recogiendo poco a poco los trozos de su herido y maltrecho corazón, hasta incorporarlo por completo a su pecho.

Ahora espera a que terminen de sanar las heridas, porque es paciente y sabe que llegará otro “él” que le haga tomar un camino nuevo, con otros riesgos, pero no le importa, porque al final ella simplemente está esperando a que llegues tú…