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Ella te espera…

senderoElla descubrió otros caminos por los cuales transitar… Al inicio sintió algo de miedo, se supone que lo desconocido asuste, por lo menos un poco.

Entonces persistió ese sentimiento confuso, que a veces no deja que la persona avance y desvista otros senderos, tropiece con otras piedras o huelas nuevas flores.

Sin embargo, ella fue curiosa, y la curiosidad se transformó en valentía, por supuesto, con el coraje no desaparecieron por completo los temores. Así decidió arrojarse a la aventura; y fue descubriendo poco a poco que también podía convertiste en Cristóbal Colón (versión femenina) y explorar ese nuevo mundo que florecía dentro de ella.

Él la ayudó a sondearlo, conocerlo, colonizarlo, a expresar con cuerpo y alma lo que creía muerto, indescifrable, inaudito. Él le hizo olvidarse la decencia innecesaria, le enseñó a respirar con otros ritmos, a ver los colores desde otra óptica. Él la enseñó a que ser mujer no significa vivir de meras apariencias, sino de vivir con intensidad y tener la actitud correcta en cada momento, situación… sin temor a que el otro piense mal.

Ella aprendió con él que el amor no admite hipocresía, que es de sinceridad, y de dolor cuando es necesario, que se fortalece con la confianza, y que esta se cultiva poco a poco, pero cuando se quiebra es como el cascarón de un huevo, que al romper no puedes unirlo más.

Así pasaron el tiempo, juntos. Ellos vivieron muchas cosas, descubrieron el idioma de sus cuerpos y el significado de cada uno de los latidos de sus corazones.

También caminaron tomados de las manos como las más hermosas e ingenuas criaturas, enfrentaron el mundo juntos, lucharon, sonrieron, fueron felices.corazon

Pero luego ella volvió a sentir vacío, le susurro en el oído ese espantoso sonido de la soledad, ese sonido que ya conocía y ahora se hacía más intenso, más cruel, porque él ya no estaba. Además un dolor le fue golpeando sin piedad su corazón y cayó en el piso hecho pedazos.

Sin embargo, el tiempo pasó y ella fue recogiendo poco a poco los trozos de su herido y maltrecho corazón, hasta incorporarlo por completo a su pecho.

Ahora espera a que terminen de sanar las heridas, porque es paciente y sabe que llegará otro “él” que le haga tomar un camino nuevo, con otros riesgos, pero no le importa, porque al final ella simplemente está esperando a que llegues tú…

 

Comenzar o seguir?

persona-caminando

Hace poco me hice esa pregunta: ?Qué haré…, comenzaré o seguiré?. Por supuesto, estamos hablando de la vida diaria, esa que te pone trampas, a veces tan duras que no sabes cómo soltar las amarras, cómo levantar la cabeza después del golpe, cómo seguir adelante luego de tropezar con una piedra larguísima que ha te ha dejado casi sin poder dar un paso.

Pero me di cuenta que lo importante es tratar por todos los medios de soltar las amarras, saber levantar la cabeza luego del golpe, seguir adelante luego del tropiezo…

Por ello es mejor saber seguir y atraverse a comenzar. Aunque pueda que te asusten esas nuevas opciones que la vida te está ofreciendo. Siempre hay que tener en cuenta que, a veces, para ganar hay que arriesgarse ; ?no creen?.

 

 

Quizás

Quizás si ella hubiera sido más paciente y hubiese buscado otras formas de atraparlo, ahora no estaría con esa sensación de soledad, de mundo grande que se desvanece entre los dedos, mientras busca agarrarse con fuerza de algo que ya no existe.

Quizás hubiese podido evitar esas lágrimas que tanto la atormentaron, pero seguro otras con sabor más salado hubieran invadido su alma y estaría con la incertidumbre de ser o no ser para él.

Quizás ella hubiera podido obligarlo a ondear la bandera de la paz, la del compromiso eterno, basado en su amor, sí solo el amor de ella, el cual sería dado de manera gratuita y por raciones de dos.

Quizás solo le bastaría tener de vez en cuando las migajas de su atención para saciar sus ganas, esas ganas tan inmensas de recorrer el mundo con las manos entrelazadas con él, y reír, y caer y levantarse, y vivir.

Pero para su suerte decidió no conformarse con poco, porque ella quiere volar en verdad, y quiere sentir que le esperan cosas grandes, que está allá afuera un él, que la ayudará a levantar el vuelo y la recogerá con dulces o duras palabras de aliento, si llega a caer al suelo.

Ella sabe que merece ese ángel y mientras tanto se acostumbra a volar sola.

Quizás ella ahora simplemente espera…