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Por  Giusette León García

Shangó, deidad afrocubana a quien se le atribuye ser el dueño de la siguaraya Shangó, deidad afrocubana a quien se le atribuye ser el dueño de la siguaraya
La frasecita está cargada de malas intenciones, mejor dicho, se le ha cargado de ellas por quienes no soportan la idea de que, efectivamente y contra vientos y mareas en esta isla, ya lo cantaba el Beny, crece la siguaraya.

Y a mucha honra, yo también. Lo digo después de pensar un poco sobre la frase que escuché gritar de una punta a otra del tablero de dominó de mi cuadra, y no porque mi carismático vecino se haya pegado con el doble nueve, sino como síntoma de cansancio, más que de acatamiento, en una discusión infértil sobre «las cosas de Cuba».

La frasecita está cargada de malas intenciones, mejor dicho, se le ha cargado de ellas por quienes no soportan la idea de que, efectivamente y contra vientos y mareas en esta isla, ya lo cantaba el Beny, crece la siguaraya. Sostengo que, fuera predisposiciones y complejos, en justa lid, eso de ser «el país de la siguaraya» es mucho más un elogio que un agravio.

Primero, vale reconocer que sí, tenemos problemas, ufff, miles de ellos, hay burocratismo, corrupción, indisciplina social, carencias económicas, todo eso y otros talones tiene este Aquiles, pero ninguno ha bastado para impedirnos hacer lo que nos da la gana con nuestro destino y nuestra suerte; en buen cubano, esto no hay quien lo tumbe, y vaya que han gastado dólares americanos para intentarlo.

La canción que inmortalizó Benny Moré lo dice muy clarito: «esa mata tiene poder», y es que si le damos para atrás al asunto, encontramos que en los cultos afrocubanos se considera que esta planta es de Shangó, la deidad del trueno que se ha sincretizado popularmente con la Santa Bárbara católica.

En las religiones afrocubanas la siguaraya sirve para abrir los caminos y trae bendiciones y suerte, pero no deja pasar al enemigo, decisión muy cubana: al enemigo, ni un tantico así, pero para los amigos, «para los que nos quieren bien y comparten nuestros deseos, intereses y proyectos, dice Shangó que este palo sagrado de siguaraya va a traer todo el iré del mundo», me explicó un negro santero, palero y licenciado en economía que, obviamente, vive en esta bella tierra de la siguaraya.

Según me cuenta, es el primer palo que después de saludar a los cuatro vientos, saludan los mayomberos en el monte, y se le llama «abre camino», «tapa camino» y «rompe camino», «precisamente porque abre el camino de quien está haciendo la invocación y el rezo, pero lo tapa para que el enemigo no pueda interponerse en él y además, cierra el camino de quien pretenda hacer daño».

No lo niego, este es el país de la siguaraya porque aprueban tales licencias y luego la ONAT del municipio te dice que no las están dando, porque el bodeguero se queda con los 20 centavos de vuelto, pues simplemente no tiene cambio, porque, porque, porque…, pero lo que mi pobre vecino trataba de explicar sin que su exaltado partner le diera un chance, es que también lo es por muchas contradicciones con las que Shangó bendice esta isla.

Por ejemplo, mi mejor amiga no quiere parir y como ella muchas cubanas, casi todo el mundo dice que porque «la cosa está muy mala», sin embargo, la cosa estaba peor para mi abuela que parió siete en una casa de tabla y guano, lavando para la calle y fingiendo que a mi abuelo le gustaba más que todo la harina con boniato. Ah, pero mi abuela no quería ser máster, ni especialista en derecho civil, ni podía querer, por supuesto, ni sabía que existía algo llamado DIU, ni consulta de planificación familiar, y mucho menos píldoras anticonceptivas, mi abuela tenía menos cultura que dinero. Mi mejor amiga y la mayoría de las mujeres cubanas sabemos que podemos y queremos hacer muchas y grandes cosas con nuestras vidas antes de dedicarnos a la obra mayor que son los hijos. Cosas del país de la siguaraya: mujeres del tercer mundo con sueños posibles.

Un querido amigo norteamericano no salía de su asombro cuando nos visitó después del nacimiento de nuestra primera hija y se encontró con la enfermera del consultorio del Médico de la Familia en casa que, como todos los días, estaba allí para curarme la herida de la cesárea. Preguntó cómo podíamos pagar aquel lujoso servicio y casi cae en shock cuando mi esposo le respondió con toda naturalidad: «es gratis, no lo pagamos, ni eso, ni los análisis, ultrasonidos de genética y obstétricos, suplementos de vitaminas prenatales, seguimiento con especialistas de diversas áreas durante el embarazo, tampoco las vacunas contra varias enfermedades que recibe el bebé en los primeros años de vida, las consultas de niño sano, todo eso forma parte del Programa Materno Infantil», algo que parecía de otro planeta a los ojos de aquel amigo, quien inmediatamente sumó el costo de todo eso a mi salario que no alcanza y dijo: eres rica. De repente estábamos todos enredados en la madeja increíble del país de la siguaraya.

Y así las cosas, cambio el tono, pero me sumo a mis vecinos: este es el país de la siguaraya, y le pido a Shangó que nunca deje de serlo, para que los cubanos y cubanas no renunciemos a la habilidad de resistir hasta pegarnos con el doble nueve y palo de siguaraya en mano abrir, tapar o romper, ya sabe usted cuáles caminos.

Fuente: Cubasí

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Por Arianny Téllez Lamothe, Yaneysi Nolazco Rivera y Adriel Bosch Cascaret

Por Adriel Bosch Cascaret

Baracoa es una ciudad llena de magia donde el verdor del follaje, las curiosas formas de las montañas, el caudal de los ríos y el azul del mar que la bordea, se funde en una simbiosis que hacen de la Primada, una villa única y especial.

Al aire marino y de pureza ambiental, se unen la calidez de unas lugareñas y lugareños simpáticos por su forma entonada de hablar, la piel curtida por el sol, la sencillez de su personalidad y la hospitalidad que los caracteriza.

Allí, entre antiguos vestigios de ser la primera de las villas fundadas en Cuba, el abandono a que fue sometida durante la neocolonia, y las tantas obras erigidas por la Revolución para beneficio del pueblo, se yerguen diversas edificaciones que con su belleza, completan un paisaje impresionante ante el lente de las cámaras, y mucho más ante la mirada de los visitantes.

Así, entre casas con techo de tejas francesas ceñidas al rojo, edificios modernos levantados para suplir necesidades habitacionales o esquivando la furia del mar, y diversas construcciones nacidas de la creatividad popular, resaltan excelentes ejemplares del devenir arquitectónico en esa ciudad.

En esta quinta muestra de la arquitectura guantanamera, nos acercamos a Baracoa, nuestra querida villa primada.

Esta Logia ubicada en la Calle Maceo entre Céspedes y Ciro Frías, resalta por su belleza ecléctica.

Frente al mismo parque central, ésta edificación que mantiene su fachada ecléctica, acoge el bar Yaíma y el Club-karaoke El Paraíso.

El Correo Central de Baracoa, aún con varias modernizaciones en su fachada, conserva el esplendor de antaño.

Sencillo en su arquitectura se alza en el boulevard baracoense, el teatro de la Casa de la Cultura municipal. Fundado en 1880, era de madera hasta 1924 en que se reconstruyó de mampostería. Fue el Liceo de la ciudad.

Antes vivienda familiar neoclásica, y con inserciones eclécticas en la década del 20 del pasado siglo, se alza la Casa de la Cultura Cecilio Gómez Lambert.

El fuerte de La Punta, era uno de los que integraban el conjunto de fortalezas que desde el siglo XVIII protegía a la ciudad. Actualmente en sus predios se encuentra el restaurante Guamá.

La tienda del Fondo Cubano de Bienes Culturales, es un ejemplo del uso de la madera como elemento constructivo predominante en cierto momento en esta urbe.

Ecléctica y de dos plantas, esta vivienda familiar llama la atención por la detallada decoración del balcón en el segundo nivel de la edificación.

La Iglesia Bautista, aunque sencilla, es una de las pocas representantes de construcciones religiosas en la ciudad.

Entre las edificaciones de dos plantas de Baracoa, por el grado de conservación y rehabilitación, indudablemente sobresale el hostal La Habanera, edificación que fue levantada en las primeras décadas del siglo XX.

Ahora en reparación integral para revertir el deterioro del paso de los años, en este edificio desde 1932 se encuentra en la primera planta el cine-teatro Encanto. En la actualidad, en la segunda planta se ubica el hotel Plaza.

Imponente, el hotel El Castillo, vigila desde lo alto de la loma de Seboruco a buena parte de la villa baracoense. Antes era un fuerte con el mismo nombre de la elevación donde se encuentra. Entre 1854 y 1868, recibió varias transformaciones en su arquitectura original.

Indudablemente la Casa Parroquial de Baracoa destaca por su belleza, el uso de vitrales, y la combinación de madera y mampostería en la fachada. Se ubica en los alrededores del parque Independencia.

Reconstruido de mampostería entre los años 1927 al 1929, con estilo ecléctico y afiliación neoclásica en su fachada principal, aquí radica la sede de la Asamblea Municipal del Poder Popular.

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, hereda el patrimonio eclesiástico de los primeros templos levantados en ese mismo sitio desde el siglo XVI. Ha sufrido innumerables transformaciones en su estructura y composición. En su interior se conserva la Santa Cruz de la Parra, traída por los españoles en su debut en nuestro archipiélago.