Tag Archive: niños


Sin necesidad de recurrir al dios Crono muchos retrocedimos en el tiempo y tuvimos la oportunidad de, juntos a nuestros chiquitines, revivir juegos de la infancia y divertirnos como cuando no levantábamos una cuarta del piso, y no nos agobiaban los enredos terrenales y espirituales, y sólo divertirse estaba en la agenda de cada día.

Así disfrutamos aquel viernes que sabía al tercer domingo de julio (Día de los niños), entre las risas y la participación de algunos que como Adriel, Oma, Yaniuska, Mairobis, Yisel (encargada oficial de la actividad) y yo, volvimos a revivir aquellos momentos de infancia.

Y como niños que acumulan experiencia nos convertimos en cómplices para celebrar el día dedicado a los que saben querer. Acá van las huellas.

DSC_0008

DSC_0010

Oma y Mairobis se lucieron con los yaquis.

DSC_0018

DSC_0013

El juego de carrera con obstáculos.

DSC_0027

Increíble pero cierto, Oma me ganó en la carrera con obstáculos.

DSC_0029

Adriel repartiendo los premios.

DSC_0030

Cantalapiedra chequea los premios.

DSC_0035

DSC_0037

En el juego de las sillas Oma y yo pasamos por “niñas grandes”.

DSC_0041

Padre e hijo.

DSC_0044

Hasta los adultos disfrutaron de las golosinas.

DSC_0054

Gavilán con su rubio.

 

Empezar por casa

Por Leticia Martínez Hernández

caricatura_3024288

Recuerdo que todas las noches había que esperar hasta el último miembro de mi familia para sentarnos a la mesa. Podían retorcerse nuestros estómagos que mi mamá, como generala frente a un ejército, ponía cerca eléctrica alrededor de los alimentos mientras no estuviéramos todos. Era como si comer trascendiera el hecho común de alimentarnos, de saciarnos el hambre. Y aquella era la hora, también, de contarnos, reírnos y regañarnos.

Por aquel entonces lo creía un capricho de la “jefa del hogar”. Me molestaba, le restaba importancia. Las pocas cuartas que levantaba del piso no permitían mirar más allá. Ahora, cuando los papeles cambian y me convertí en la que pone la mesa, pienso en los instantes vividos en familia, esos que, como ficha de dominó, una detrás de la otra, van construyéndonos como seres humanos.

Cuando en estos días Cuba se pregunta los por qué de sus indisciplinas, encuentro casi todas las respuestas en el espacio fecundo del hogar. Es ahí donde nos salvamos también como sociedad, o por el contrario, encallamos entre las piedras de los malos patrones. Y es que lo elemental se aprende en casa.

Pongamos algunos ejemplos. Todos criticamos a quienes en las guaguas no dan el asiento a un anciano o a una mujer. Y me pregunto cuántas veces se pone en el centro de la espiral hogareña al niño, a pesar de las urgencias de otros, entre ellos los abuelos. Acomodamos a los más pequeños a costa de dejar a los demás la peor cama, el asiento más incómodo, la ración de comida menos favorecida. Así vamos germinando el egoísmo y el criterio de que “los otros se las arreglen como puedan”. Entonces la sensibilidad ante los problemas ajenos muere casi antes de nacer.

En el colimador de las críticas están también las faltas de respeto, la mala educación y la pérdida de buenos modales. Pero, ¿por qué nos parecen graciosas las malas palabras que comienzan a “mal decir” los casi bebés? ¿Quiénes, sino nosotros, se hacen cómplices de la música alta que ponen nuestros hijos? ¿Cuántas veces les dedicamos a ellos un “buenos días” a la hora de levantarlos?

¿Por qué les permitimos que agarren mal los cubiertos o hablen con la boca llena de alimentos? ¿Cuántas veces les ponemos horarios con el fin de disciplinar sus vidas y de paso dedicar el tiempo necesario para el descanso, el juego, las tareas escolares, los deberes hogareños? ¿Cuántas veces dejamos que interrumpan las conversaciones sin ni siquiera reprochárselos?

Es cierto que los tiempos son otros y que aquella frase de que “los niños hablan cuando las gallinas orinan” está destinada al ocaso porque coarta la necesidad de expresión. Sin embargo, lo básico perdura. Y cuando hablo de básico me aferro a la obediencia, a hacerles saber a nuestros hijos cuáles son sus espacios, a no fertilizar la insolencia, a enseñarlos cómo hacer valer sus criterios desde el respeto, a regañarlos, aunque nos duela, cuando cometan errores porque la vida puertas afueras es mucho más dura.

Se reprende el mal uso del uniforme y la vestimenta inapropiada de manera general. Pero, ¿de dónde salen mal uniformados los muchachos? ¿Quiénes les ajustan o les recortan las prendas escolares al punto casi de la asfixia? Además, se habla del fraude escolar, sin embargo está comprobado que casi siempre son los padres quienes abren los bolsillos para pagar el “examen extraviado”. ¿Qué les estamos enseñando entonces?

Se fustiga la falta de honestidad, no obstante algunos progenitores se vuelven cómplices del certificado médico falso para no ir a la escuela al campo o faltar a las clases. Y qué decir de aquellos que justifican los malos comportamientos de sus retoños y les aconsejan no hacer caso a las reprimendas de los maestros, restándole así autoridad a quien debiera ser el complemento perfecto para la educación conjunta entre la familia y la escuela.

La lista pudiera ser larga. Basta mirar lo que sucede en el espacio íntimo del hogar para cambiar realidades que no deseamos. El primer paso para empezar este largo camino de salvar el orden en nuestro archipiélago debe darse allí, de nada servirán las estrategias que obvien el principal escenario de la vida: la familia, esa cofradía que ha olvidado en no pocos casos dialogar con su prole, quizá por falta de tiempo, por dejadez o esperando erróneamente que otros se encarguen.

Los buenos ejemplos nacen en el hogar, en el diario vivir, en cada uno de los minutos que vivamos al lado de nuestros hijos. No hace falta una cátedra ni ensayar una lección para enseñarles. Basta convertirnos en el espejo donde ellos puedan mirarse y saberse también buenas personas. De eso se trata, de empezar por casa.

Por Arianny TÉLLEZ LAMOTHE

Fotos: Leonel ESCALONA

La educación musical es una de las especialidades que se imparten en la escuela.

La educación musical es una de las especialidades  que se imparten en la escuela.

La escuela especial Desembarco del Granma en la provincia de Guantánamo, es una muestra de la gigantesca obra de la Revolución en materia de derechos humanos.

En el centro se instruyen más de 50 niños con necesidades educativas complejas: autismo y retraso mental leve y modero, desde el preescolar hasta séptimo grado y se desarrollan actividades culturales, recreativas, deportivas con el fin de proporcionarles a estos infantes salud física y mental.

Los estudiantes son atendidos por psicólogos, psiquiatras, pediatras, por logopedas para estimular el desarrollo del lenguaje; y los que tienen alguna discapacidad motora severa, reciben la equino terapia en el parque de diversiones Elpidio Valdés.

Maestros y especialistas,  con amor y entrega hacen realidad el sueño de lo imposible y preparan a los infantes con el fin de ser útiles en su vida laboral y social, a pesar de sus discapacidades, lo que demuestra que en la mayor de las Antillas  la educación está garantizada para todos por igual.

Hoy  se celebra el día de la  proclamación de la Resolución Universal de los  Derechos  Humanos  por  las  Naciones  Unidas en 1948, en donde se aboga por el respeto a la libertad y la igualdad de los ciudadanos; un ejemplo como este dignifica a los cubanos.

Los trabajos en el taller desarrollan habilidades manuales en los niños con discapacidad.

Desde edades tempranas estos niños tienen derecho a la educación especial.

En el centro, los infantes con dificultades motoras reciben fisioterapia.