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Por Iroel Sánchez

“Enex-tesorero-del-PP el bar donde habitualmente tomo café, el dueño ha colocado un cartelón cara al público en el que puede leerse: “Prohibido hablar de la cosa”.

El extesorero del Partido Popular (PP) español Luis Bárcenas se acogió a la amnistía fiscal en España con fondos procedentes de una cuenta que tenía en Suiza a nombre de la sociedad uruguaya Tesedul, con los que pagó a la Hacienda española 1,2 millones de euros.

Hay saturación medioambiental de pesimismo y angustias, pero lo cierto es que la cosa está muy mala. Vamos mal. Cada día que pasa y cada decisión que toma el gobierno acumulan más información para que los ciudadanos vayamos pasando de la fase del cabreo a la fase de la ira, que es un límite indeseable a partir del cual peligra todo lo que nos rodea.”

Así escribía miguel Ángel Fernández en El Periódico de Huelva el pasado octubre, para concluir: “Cada día que pasa, está más cerca el riesgo de una explosión social a gran escala. Nadie sabe con certeza dónde está el límite del aguante, pero ya debe andar cerca. La cosa está muy mala.”

Y Moncho Alpuente apuntaba más recientemente en su blog de Público.es:

“Prohibido hablar de La Cosa” es el lema que campea en una de las paredes del bar de la esquina. Desde que “La Cosa” aterrizó entre nosotros los corrillos del bar ya no son lo que eran, “La Cosa” viscosa se cuela en todas las conversaciones de forma clara o subrepticia. Dos parroquianos comentan las últimas incidencias futbolísticas y, entre Ronaldo y Messí, Mou y Simeone, aparece ella y monopoliza la cháchara, que si no hay quien vaya al fútbol por el precio de las entradas, que si algunos futbolistas cobran en dinero negro, o que si los “reventas” pueden darse de alta como autónomos emprendedores. El “jefe”, título honorífico que en Madrid se utiliza generosamente para designar a los dueños o encargados de bares y tabernas, está pensando en imponer algún tipo de sanción económica a los clientes que insistan en hablar de “La Cosa”, pero le basta con mencionar la palabra economía para que la bicha vuelva a adueñarse del cotarro.”

Pero como si hiciera falta echarle gasolina a la cosa, el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, acaba de afirmar desde Berlín que las revelaciones de documentos que muestran pagos millonarios en la cúpula de su Partido, procedentes de una trama de corrupción, son “rotundamente falsos”, salvo “alguna cosa”.

Y es que el diario El País, atrapado en un escándalo por haber publicado una foto falsa del presidente venezolano Hugo Chávez, que lesionó su ya menguado prestigio como “diario global en español”, decidió huir hacia delante sacando a la luz los papeles de una supuesta contabilidad paralela del Partido Popular. Bárcenas, que así se apellida el tesorero de esa agrupación política -envuelto a su vez en un sonado caso de corrupción-, otorgaba jugosos sobresueldos a quienes se han encargado de recortar servicios e ingresos a los españoles, ya bastante sufridos desde el gobierno precedente del Partido Socialista Obrero Español.

Hace años, el entonces corresponsal en Cuba de El País, Mauricio Vicent, amenzaba con colgar el cartel “Prohibido hablar de la cosa” ante “las preguntas de turistas, eurodiputados, inversores extranjeros o expertos en asuntos cubanos” sobre la Isla y terminaba citando un parlamento de un personaje de la película Los sobrevivientes de Tomás Gutiérrez Alea para explicarse: “Mira, la verdad es que a mí me da igual imperialismo que feudalismo, que socialismo. La cosa es cogerle la vuelta al sistema”.

Nadie como la clase política española para realizar la filosofía del personaje citado por Vicent: Da lo mismo llamarse “socialista” que “popular”, “la cosa es cogerle la vuelta al sistema”.

Tomado de: Cubadebate

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Unos botan y otros no comen

Resulta imposible ver, por la televisión o algún sitio Web, sin indignarse, que la tercera parte de los alimentos producidos al año para el consumo humano en el mundo (unas mil 300 millones de toneladas), se tiran a la basura, según expresa un reciente informe emitido por la ONU.
Escandalosamente esa exorbitante cantidad es comparable con el total de los que se producen en África subsahariana, uno de los territorios más afectado por el hambre y la pobreza en el globo azul, donde más de 10 millones de personas luchan contra ese mal y otros (miles) mueren diariamente.
En esa zona, en el 2010, por ejemplo, unos 11 millones de personas estaban necesitadas de alimentos y figuraban entre los países más afectados Kenia, Etiopía, Yibuti y Somalia. Este último presentó una situación extrema en el 2011, influenciada por la pobreza, la guerra civil y la sequía, lo cual contribuyó a la ruina de los cultivos y la paulatina desaparición del ganado.
Dichas circunstancias generaron que en ese año, la ONU declarara oficialmente la situación de hambruna en dos sus comunidades, donde 3,7 millones de somalíes carecían de productos básicos para sobrevivir. Igualmente estimó que hacían falta alrededor de 300 millones de dólares para socorrer a los hambrientos.
De acuerdo al Programa Mundial de la FAO, el hambre también toca a más de 900 millones de habitantes de la tierra, cuya número ya llegó a los siete millones en el 2011.
No obstante, la sequía, los fenómenos naturales no son los únicos motivos de hambruna en el mundo. Desde el 2009 se viene arrastrando con el alza de los precios en el mercado internacional, de las materias primas agrícolas y otros insumos, por lo que también se puede amenazar la seguridad alimentaria de millones en países desarrollados, por supuesto tocará a los más pobres.
Y mientras en el mundo se vislumbra esta situación, en Europa y Estados Unidos el desperdicio expone cifras entre los 95 y 117 kilos por habitantes anualmente, y en la mencionada zona del continente “negro” y en Asia meridonial, no pasan los 11.
Los países industrializados y aquellos en desarrollo, donde se le hace culto al consumismo y se dan el lujo de almacenar y desechar, se despilfarran entre 630 y 670 millones de toneladas por año. Las frutas, hortalizas, raíces y tubérculos, lideran la lista de los productos más desaprovechados.
Otros datos, reafirman la alarmante realidad, alrededor de 900 kg es la cantidad que se produce para el consumo humano en los estados “privilegiados”, cerca del doble con respecto a los 460 obtenidos en los más pobres.
No hace falta ser analista, ni especialista en la materia para llegar a la conclusión de que resulta urgente tomar medidas para revertir y atajar la crisis a tiempo. Pero los números no engañan ni las actitudes de aquellos gobiernos que prefieren destinar recursos a la carrera armamentista, lavarse las manos y mucho menos perder el sueño por los pobres de su propio país, continente o del mundo.
Es más fácil sustentar el consumismo, el derroche e invertir luego millones de dólares para eliminar los alimentos desaprovechados por año, cuando en este mundo desigual, aproximadamente mil millones sufren hambruna y 239 millones de ellas viven en el cuerno de África.