Por  María Elena Balán Sainz/AIN

bebel
La actriz brasileña Camila Pitanga en el personaje de Bebel

Por estos días la teleaudiencia disfruta de la proyección por Cubavisión  de la novela brasileña  Paraíso tropical, en cuyo elenco  figura la actriz Camila Pitanga, en su rol de Bebel, una joven iletrada, dedicada a la prostitución, quien se empeña en dejar esa vida y aprender buenos modales.
Su forma de conducirse en un restaurante, la manera de vestir con ropas atrevidas y sumamente ajustadas o cortas hacen que la valoren tal cual es y la rechacen en sociedad.

Y cito este pasaje de la novela carioca porque resulta expresión clara de cuánto puede decir de una persona sus modales en la mesa, la manera de expresarse en alta voz y con palabras mal dichas, el vestuario, la desfachatez.

A toda costa quiere alcanzar “catiguria”, en  franca alusión al vocablo categoría, algo que la obsesiona para poder entrar en el mundo del hombre que la corteja y de quien está enamorada.

Como vemos, existen  muchos detalles que definen no solo la instrucción, sino también la educación de un individuo y no crean que esos requerimientos  resultan pura majadería, al contrario, de seguro repercuten en nuestras relaciones interpersonales y en la imagen que damos ante los demás.

No es que compare a Bebel con quienes nos rodean, simplemente es una forma de ejemplificar cuán importante es sabernos sentar a la mesa, usar la servilleta, tomar de la copa siempre que limpiemos primero los labios, luego de haber ingerido alimentos.

Algunos dirán que es puro protocolo, pero bien vale aprenderlo y practicarlo porque todo conocimiento es válido, máxime si se trata de la imagen nuestra ante los demás.

Eso de hacer ruido al tomar la sopa, hablar con la boca llena, devolver bocados directamente al plato, oler los alimentos, hacer buchadas con agua para enjuagarnos la boca al finalizar o eructar son sumamente desagradables.

Igual que no saber usar los cubiertos, porque algunos acostumbrados a estar en beca o en campamentos movilizados se acostumbran a tomar la cuchara como si fuera una pala y lo mismo la utilizan para caldos que para sólidos.

Hay que tener en cuenta que el cuchillo se maneja con la mano derecha y nunca deberá llevarse  a la boca, tampoco el comensal deberá tomar directamente alimentos de las fuentes, sin antes servirlos en el plato.

No debemos sentarnos a la mesa antes de que lo hagan las personas de más importancia, jerarquía o edad, ni debemos empezar a comer antes que el anfitrión.

Cuando terminemos, colocaremos el tenedor y el cuchillo paralelos sobre el plato, con los mangos dirigidos hacia nosotros.

Son reglas que hay que cumplir si queremos mostrar nuestros buenos modales.
Bebel quiere aprender, ¿y tú?

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