Kosminski, de 23 años en el momento de los asesinatos, era un peluquero polaco que había llegado a Londres en 1880, y fue considerado en la época como uno de los sospechosos más probables.

El asesino en serie ‘Jack el Destripador‘ era un inmigrante polaco llamado Aaron Kosminski, según pruebas de ADN halladas en la ropa de una de sus víctimas durante los crímenes que cometió en el distrito londinense de Whitechapel a finales del siglo XIX, informa el diario británico ‘Daily Mail‘.

El descubrimiento de la identidad de ‘El Destripador’ fue realizado después de que un empresario identificado como Russell Edwards comprara 2007 el chal perteneciente a Catherine Eddowes, la segunda víctima del asesino, y entregara la ropa al doctor Jari Louhelainen, especializado en analizar pruebas genéticas de crímenes históricos.

El doctror Louhelainen consiguió extraer el ADN del material, que contenía tanto la sangre de Eddowes como el semen de su asesino.

Tras verificar que la pieza de tela pertenecía a la fallecida a través del estudio genético de sus descendientes, Louhelainen procedió a comparar el semen del asesino con los sospechosos de la época. Kosminski, de 23 años en el momento de los asesinatos, era un peluquero polaco que había escapado de los pogromos rusos en 1880, y fue considerado en la época como uno de los sospechosos más probables. Los documentos le señalaban como un “probable esquizofrénico paranoico con alucinaciones auditivas y propenso a la masturbación”, de acuerdo con las notas del responsable de la investigación, el inspector jefe Donald Swanson.

La Policía nunca consiguió recabar las pruebas necesarias para condenar a Kosminski, a pesar de que un testigo le situó en el escenario de uno de los crímenes. No obstante, las autoridades le pusieron bajo vigilancia constante hasta que finalmente fue ingresado en una clínica psiquiátrica donde permanecío hasta su muerte. Finalmente, el médico consiguió ponerse en contacto con una descendiente británica de la hermana de Kosminski, Matilda, con la que compartía ADN mitocondrial.

“La primera muestra de ADN demostró una coincidencia del 99,2 por ciento. La segunda arrojó un 100 por 100 de coincidencia”, escribe el médico en el diario británico. “Fui capaz incluso de identificar la etnia y procedencia geográfica del ADN extraído, perteneciente al haplogrupo T1a1, común en las personas de etnia rusa y judía”. “Ahora, me siento orgulloso de decir, sin ningún genero de duda, que Aaron Kosminski es la identidad de Jack el Destripador”, concluye el médico.

Un nuevo libro

El descubrimiento de la identidad de 'El Destripador' fue realizado después de que un empresario identificado como Russell Edwards comprara 2007 el chal perteneciente a Catherine Eddowes.

Las evidencias aparecen en un nuevo libro sobre Jack El Destripador, donde el británico Russell Edwards desvela en ”Naming Jack the Ripper”‘ (Identificando a Jack el Destripador’) la supuesta identidad del delincuente, que en 1888 mató al menos a cinco mujeres, a las que degolló, destripó y abandonó en callejones del barrio de Whitechapel, en el este de la ciudad.

Edwards, que confiesa ser “un detective de butaca”, mantiene que el enigmático asesino fue “definitiva, categórica y absolutamente” el polaco Aaron Kosminski, que acabó muriendo en 1919 de gangrena en la pierna en el psiquiátrico donde ingresó en 1891.

Kosminski, afectado de graves problemas mentales, emigró a Inglaterra desde la Polonia con sus padres en 1881 y la familia se estableció en Mile End, cerca de Whitechapel, donde trabajó de peluquero. En la época, la Policía Metropolitana de Londres (MET), también conocida como Scotland Yard, consideró al joven uno de seis sospechosos, si bien no obtuvo pruebas concluyentes.

El autor del libro, que publica el próximo martes la editorial Sidgwick&Jackson, ha establecido la autoría de Kosminski tras hacer analizar un chal que presuntamente perteneció a una de las víctimas y que él compró en una subasta.

Supuestamente, el sargento Amos Simpson de la Policía londinense recogió la prenda cerca del cuerpo de la segunda víctima, Catherine Eddowes.

Simpson se lo quiso dar a su esposa, pero esta, al verlo con sangre, se negó a llevarlo, y el chal fue pasando a través de las generaciones hasta ofrecerse en una subasta que tuvo lugar en 2007 en Bury St. Edmunds, en el condado inglés de Suffolk.

Tras adquirir la prenda, Edwards encargó al profesor de biología molecular Jari Louhelainen, de la universidad John Moores de Liverpool, que la examinara detenidamente. “Poseo la única prueba forense en la historia del caso”, afirma el empresario convertido a escritor en declaraciones recogidas por la agencia local PA.

¿La prueba definitiva?

“Me he pasado 14 años trabajando en ello, y por fin hemos resuelto el misterio de quién era Jack El Destripador”, asegura. Según Edwards, “solo los incrédulos que quieren perpetuar el mito dudarán” del descubrimiento. “Esto es definitivo: lo hemos desenmascarado”, apostilla.

El escritor de 48 años y residente en el norte de Londres explica que siempre se sintió “cautivado” por el misterio del escurridizo asesino, y se dedicó a investigarlo en su tiempo libre, si bien había perdido la esperanza de resolver el caso. No obstante, el hallazgo del chal le permitió explorar una nueva pista que, según él, ha resultado ser definitiva, al establecer que la sangre en la prenda pertenecía a la víctima y a Kosminski, de quien también había semen.

Edwards y su socio científico compararon las muestras halladas en el rebozo con las de descendientes del supuesto asesino y la ocasional prostituta. “Cuando descubrimos la verdad, fue la sensación más increíble de toda mi vida”, afirma Edwards. “Gracias a Dios que el chal nunca se lavó, pues contenía pruebas clave”, añade.

Aunque el libro ofrece sin duda material para la reflexión, es improbable que ponga fin a las especulaciones que desde hace 126 años rodean a los crímenes de Whitechapel, que tantas novelas y películas han inspirado.

La Policía nunca consiguió recabar las pruebas necesarias para condenar a Kosminski, a pesar de que un testigo le situó en el escenario de uno de los crímenes.

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