Quizás si ella hubiera sido más paciente y hubiese buscado otras formas de atraparlo, ahora no estaría con esa sensación de soledad, de mundo grande que se desvanece entre los dedos, mientras busca agarrarse con fuerza de algo que ya no existe.

Quizás hubiese podido evitar esas lágrimas que tanto la atormentaron, pero seguro otras con sabor más salado hubieran invadido su alma y estaría con la incertidumbre de ser o no ser para él.

Quizás ella hubiera podido obligarlo a ondear la bandera de la paz, la del compromiso eterno, basado en su amor, sí solo el amor de ella, el cual sería dado de manera gratuita y por raciones de dos.

Quizás solo le bastaría tener de vez en cuando las migajas de su atención para saciar sus ganas, esas ganas tan inmensas de recorrer el mundo con las manos entrelazadas con él, y reír, y caer y levantarse, y vivir.

Pero para su suerte decidió no conformarse con poco, porque ella quiere volar en verdad, y quiere sentir que le esperan cosas grandes, que está allá afuera un él, que la ayudará a levantar el vuelo y la recogerá con dulces o duras palabras de aliento, si llega a caer al suelo.

Ella sabe que merece ese ángel y mientras tanto se acostumbra a volar sola.

Quizás ella ahora simplemente espera…

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