Luego de las notas informativas y los pases al Instituto de Meteorología, mediante los cuales Rubiera nos actualizaba sobre el avance del huracán Sandy, en casa comenzamos a tomar las medidas preventivas, a pesar de la opinión de algunos incrédulos vecinos que aseguraban que “como otras veces el paso del ciclón iba a ser más bulla que otra cosa”.

Pues mire, que gracias al olfato activado de mi tío que aseguró las ventanas, y trasladó hacia lugares seguros de la casa (armarios y cuartos con placa), los males fueron minimizados.

Cuando comenzaron a asustar los vientos, mi mamá y yo salimos disparadas a resguardarnos en uno de los cuartos más seguros, porque si no, hubiéramos volado junto a unas tejas que no soportaron la “seducción” de los vientos de Sandy y salieron disparadas.

Ahí nos mantuvimos todos despiertos, suponiendo que muchos terminarían afectados por el paso de fenómeno meteorológico, de tierno nombre pero de duro azote, por la parte oriental del país.

A las seis de la mañana cuando mi mamá y una tía no aguantaban más el suplicio de no tener noticias del “exterior”, al abrir la puerta, se enteraron que yacía en el frente de la casa, arrancado de raíz, el árbol ancestral del hogar, que le dio sombra a la familia, a vecinos, transeúntes y hasta a los máquinas que sus dueños parqueaban mientras visitaban a alguien en la cuadra.  Además se había llevado con él dos cables del tendido eléctrico de la casa y de la del al lado y el piso de la casa parecía decorado con sus hojas.

Enseguida los lamentos se escucharon de boca de nosotros (los hogareños) y de los vecinos que tanto se sirvieron de la sombra de sus ramas.

Sin embargo, ese mismo día sobró fuerza de voluntad de mis tíos y mi primo para reparar el techo de la casa, con viejas tejas, hasta que se puedan sustituir. También se sumó al restablecimiento un mar de brazos de toda la cuadra en la dura misión de “descuartizar” el gigantesco árbol, que todos confundían con salvadera y cuyo nombre nunca me aprendí, en apenas dos horas.

Por supuesto, tampoco faltó la disposición de Arianny, para limpiar de extremo a extremo el sucio y mojado piso de la vivienda.

Ahora mi casa, como en la zona Oriental del país, se recupera de las afectaciones causadas por Sandy, tras su paso el pasado miércoles, el cual  aún es causa de lamentos y debates en muchos de los cubanos que vivieron la experiencia.

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