Ella nació antes del triunfo de la Revolución, en una buena casa, para la época, en la calle Pedro A. Pérez, entre 3 y 4 Sur, en Guantánamo. La menor de 4 hermanos que vieron el cielo abierto cuando tuvieron en la casa una pequeña para mimar, y la segunda hembra de sus padres.

Los primeros años de la infancia transcurrieron sin contratiempos, gracias a que el padre trabajaba de administrador en un central. Luego con la muerte de éste las cosas se pusieron feas y la familia tuvo que mudarse para el Sur de la ciudad, donde vive Lourdes hasta estos momentos. Allí le cogió el triunfo revolucionario y ha visto crecer a su familia.
Lourdes no tuvo hijos, pero al mismo tiempo parió más veces que cualquier mujer, porque se dedicó por completo a su familia y como una gran mamá gansa calienta a todos debajo de sus alas.
Tiene una facilidad, prácticamente masoquista, de apropiarse del dolor de los suyos y de ser el bastón para sostenerlos en un momento de debilidad y de servir de puente para llevarles las soluciones.
Ella ha sido una mujer fuerte, de carácter y de espíritu, y agradece, casi con la devoción de un fanático religioso, todo lo que le ha dado la Revolución, que de cierta forma ha sido parte de ella porque fue de las primeras en movilizarse para el café, la caña, la Defensa…
Luego de 42 años de trabajo se jubiló y desde entonces es una de las más activas en la cuadra. La consejera del barrio, la de los trámites, la de los papeles de aval de la Federación, seguro debe tener guardados mil brazos y cabezas para atender a todos.
Por ello tampoco dudo que tenga más de un corazón para acoger a tantas personas juntas, para devenirse en miles de atenciones y estar siempre allí, en el momento justo cuando necesitas un cariño o un regaño.
Ella es simplemente Lourdes, una mujer que ha sabido entregarle a la vida todo cuanto ha podido.
Pd: No tengo fotos para mostrar, pero creo que este corazón dice bastante.

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