Mi mamá y mis tías aseguran que lo aprendieron con su abuela, o sea, mi bisabuela, y que a veces da resultado, por casualidad o por obra de la memoria de aquellos que están en aprietos.

La historia la supe hace unos días cuando mi tía Anita, haciéndole honor a su título de “doña olvidadiza”, regresó de su casa a la mía, a altas horas de la noche, para buscar la historia clínica, en donde había guardado varias indicaciones para unos análisis que debía hacerse la mañana siguiente.

Por aquí y por allá, anduvo Anita buscando sus documentos perdidos, “virando” la casa al revés: encima de los armarios, debajo de los colchones, en la vitrina, sobre el frío y nada…

Otra tía, mi mamá y yo le asegurábamos que historia clínica la había olvidado en el consultorio del médico de la familia, último destino de su itinerario durante el día, y ella que no, que estaba dentro de la casa.

Entonces, en medio de su desesperación, cansada de tanto buscar, le escuché decir: “Tendré que amarrarle los huevos al Diablo”.

“¿Cómo que amarrarle los huevos al Diablo?”, pregunté divertida.

“Niña esa es cosa de viejos y a veces da resultado, acotó mi mamá “muerta” de risa. Mira es fácil, le amarras con una tira la pata de la mesa y le dices al Diablo que hasta que no aparezca lo que andas buscando no le sueltas sus cositas”,

Enseguida con mucha curiosidad y casi olvidándome de mi pobre tía Anita y la urgencia de tener a mano la historia con los análisis, le pedí a mi mamá que me diera todos los detalles de tales menesteres:

“Debe exigirse con mucha seriedad, añadió, porque si él lo toma como gracia nunca encuentras el objeto perdido. A mi abuela cuando se le extraviaba algo tomaba una tira y acto seguido “castigaba” al Diablo o a la pata de la mesa y hasta que no aparecía, no soltaba. No lo sabías, porque esas son tradiciones que se han ido perdiendo”.

Como no se me ha extraviado nada en estos días, todavía no he tenido la oportunidad de amarrarle, eh…, eso mismo al Diablo, cuando lo haga escribiré otro post para contarles si el compañero cornudo respondió.

 

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