Archive for octubre, 2012


Sandy en mi casa

Luego de las notas informativas y los pases al Instituto de Meteorología, mediante los cuales Rubiera nos actualizaba sobre el avance del huracán Sandy, en casa comenzamos a tomar las medidas preventivas, a pesar de la opinión de algunos incrédulos vecinos que aseguraban que “como otras veces el paso del ciclón iba a ser más bulla que otra cosa”.

Pues mire, que gracias al olfato activado de mi tío que aseguró las ventanas, y trasladó hacia lugares seguros de la casa (armarios y cuartos con placa), los males fueron minimizados.

Cuando comenzaron a asustar los vientos, mi mamá y yo salimos disparadas a resguardarnos en uno de los cuartos más seguros, porque si no, hubiéramos volado junto a unas tejas que no soportaron la “seducción” de los vientos de Sandy y salieron disparadas.

Ahí nos mantuvimos todos despiertos, suponiendo que muchos terminarían afectados por el paso de fenómeno meteorológico, de tierno nombre pero de duro azote, por la parte oriental del país.

A las seis de la mañana cuando mi mamá y una tía no aguantaban más el suplicio de no tener noticias del “exterior”, al abrir la puerta, se enteraron que yacía en el frente de la casa, arrancado de raíz, el árbol ancestral del hogar, que le dio sombra a la familia, a vecinos, transeúntes y hasta a los máquinas que sus dueños parqueaban mientras visitaban a alguien en la cuadra.  Además se había llevado con él dos cables del tendido eléctrico de la casa y de la del al lado y el piso de la casa parecía decorado con sus hojas.

Enseguida los lamentos se escucharon de boca de nosotros (los hogareños) y de los vecinos que tanto se sirvieron de la sombra de sus ramas.

Sin embargo, ese mismo día sobró fuerza de voluntad de mis tíos y mi primo para reparar el techo de la casa, con viejas tejas, hasta que se puedan sustituir. También se sumó al restablecimiento un mar de brazos de toda la cuadra en la dura misión de “descuartizar” el gigantesco árbol, que todos confundían con salvadera y cuyo nombre nunca me aprendí, en apenas dos horas.

Por supuesto, tampoco faltó la disposición de Arianny, para limpiar de extremo a extremo el sucio y mojado piso de la vivienda.

Ahora mi casa, como en la zona Oriental del país, se recupera de las afectaciones causadas por Sandy, tras su paso el pasado miércoles, el cual  aún es causa de lamentos y debates en muchos de los cubanos que vivieron la experiencia.

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Hoy no voy a escribir una crónica sobre todas la hazañas y valores del Che, simplemente voy a regalarme un poema que tantas veces recité en la plaza de la escuela por el aniversario de la muerte del Guerrillero Heroico.

Esta vez será este blog la garganta para declamar con todas las energías los versos dedicados por el Poeta Nacional Nicolás Guillén a Ernesto Guevara.

Che Comandante

No porque hayas caído

tu luz es menos alta.

Un caballo de fuego

sostiene tu escultura guerrillera

entre el viento y las nubes de la Sierra.

No por callado eres silencio.

Y no porque te quemen,

porque te disimulen bajo tierra,

porque te escondan

en cementerio, bosques, páramos,

van a impedir que te encontremos

Che Comandante,

amigo.

Con sus dientes de júbilo

Norteamérica ríe. Mas de pronto

revuélvese en su lecho

de dólares. Se le cuaja

la risa en una máscara,

y tu gran cuerpo de metal

sube, se disemina

en las guerrillas, como tábanos,

y tu ancho nombre herido por soldados

ilumina la noche americana

como una estrella súbita, caída

en medio de una orgía.

Tú lo sabías, Guevara,

pero no lo dijiste por modestia,

por no hablar de ti mismo.

Che Comandante,

amigo.

Estás en todas partes. En el indio

hecho de sueño y cobre. Y en el negro

revuelto en espumosa muchedumbre,

y en el ser petrolero y salitrero,

y en el terrible desamparo

de la banana, y en la gran pampa de las pieles,

y en el azúcar y en la sal y en los cafetos,

tú, móvil estatua de tu sangre como te derribaron,

vivo, como no te querían,

Che Comandante,

amigo.

Cuba te sabe de memoria. Rostro

de barbas que clarean. Y marfil

y aceituna en la piel de santo joven.

Firme la voz que ordena sin mandar,

que manda compañera, ordena amiga,

tierna y dura de jefe camarada.

Te vemos cada día ministro,

cada día soldado, cada día

gente llana y difícil

cada día.

Y puro como un niño

o como un hombre puro,

Che Comandante,

amigo.

Pasas en tu descolorido, roto, agujereado

traje de campaña.

El de la selva, como antes

fue el de la Sierra. Semidesnudo

el poderoso pecho de fusil y palabra,

de ardiente vendaval y lenta rosa.

No hay descanso.

¡Salud Guevara!

O mejor todavía desde el hondón americano:

Espéranos. Partiremos contigo. Queremos

morir para vivir como tú has muerto,

para vivir como tú vives,

Che Comandante,

amigo.

 

Nicolás Guillen

Querido Presidente de la República Bolivariana de Venezuela

Comandante Hugo Chávez Frías

Desde una prisión del imperio le envío a usted y a su pueblo una calurosa felicitación por la gran victoria de ayer en las elecciones presidenciales.

En la oscuridad de mi celda, gracias a la radio cubana, y en especial al programa de Radio Rebelde “La Luz en lo oscuro”, pude escuchar, primero, el momento en que se daba el resultado de la votación. Todo se llenó de luz. La alegría en mi corazón era indescriptible. Y esa luz y esa alegría se multiplicaron al escuchar luego las palabras del querido amigo, Edgardo Ramírez, embajador de su país en nuestra amada patria. Y como colofón sus palabras a su pueblo todo, que se escucharon en todos los rincones del mundo, en un acto de soberanía y democracia sin precedentes en toda nuestra América. Amaneció en plena noche. La luz se hizo inmensa y eterna. Se desbordo la alegría de todos los revolucionarios, de todos los que soñamos con un mundo mejor.

Allí, en el Palacio de Miraflores estaban, como usted bien expresó, todos los próceres de la independencia de nuestros pueblos, todos los grandes luchadores por la paz, por la justica, por la verdad.

Los sueños de Bolívar y Martí se han hecho realidad este 7 de octubre imborrable.

Gracias por todas las lecciones que nos ha dado, por todas las alegrías que nos ha dado en estos 14 años de injusto encierro en los que usted con su bello pueblo han construido una Venezuela nueva, una Venezuela que es faro de esperanzas y fuente de hermandad.

Salud, hermano de todos los revolucionarios.

Con el Che presente le decimos: !Hasta la Victoria siempre!

Cinco abrazos fuertes.

Antonio Guerrero Rodríguez

8 de octubre de 2012

Prisión Federal de Marianna

Fuente: Cubadebate

Sencillamente Lourdes

Ella nació antes del triunfo de la Revolución, en una buena casa, para la época, en la calle Pedro A. Pérez, entre 3 y 4 Sur, en Guantánamo. La menor de 4 hermanos que vieron el cielo abierto cuando tuvieron en la casa una pequeña para mimar, y la segunda hembra de sus padres.

Los primeros años de la infancia transcurrieron sin contratiempos, gracias a que el padre trabajaba de administrador en un central. Luego con la muerte de éste las cosas se pusieron feas y la familia tuvo que mudarse para el Sur de la ciudad, donde vive Lourdes hasta estos momentos. Allí le cogió el triunfo revolucionario y ha visto crecer a su familia.
Lourdes no tuvo hijos, pero al mismo tiempo parió más veces que cualquier mujer, porque se dedicó por completo a su familia y como una gran mamá gansa calienta a todos debajo de sus alas.
Tiene una facilidad, prácticamente masoquista, de apropiarse del dolor de los suyos y de ser el bastón para sostenerlos en un momento de debilidad y de servir de puente para llevarles las soluciones.
Ella ha sido una mujer fuerte, de carácter y de espíritu, y agradece, casi con la devoción de un fanático religioso, todo lo que le ha dado la Revolución, que de cierta forma ha sido parte de ella porque fue de las primeras en movilizarse para el café, la caña, la Defensa…
Luego de 42 años de trabajo se jubiló y desde entonces es una de las más activas en la cuadra. La consejera del barrio, la de los trámites, la de los papeles de aval de la Federación, seguro debe tener guardados mil brazos y cabezas para atender a todos.
Por ello tampoco dudo que tenga más de un corazón para acoger a tantas personas juntas, para devenirse en miles de atenciones y estar siempre allí, en el momento justo cuando necesitas un cariño o un regaño.
Ella es simplemente Lourdes, una mujer que ha sabido entregarle a la vida todo cuanto ha podido.
Pd: No tengo fotos para mostrar, pero creo que este corazón dice bastante.

Mi mamá y mis tías aseguran que lo aprendieron con su abuela, o sea, mi bisabuela, y que a veces da resultado, por casualidad o por obra de la memoria de aquellos que están en aprietos.

La historia la supe hace unos días cuando mi tía Anita, haciéndole honor a su título de “doña olvidadiza”, regresó de su casa a la mía, a altas horas de la noche, para buscar la historia clínica, en donde había guardado varias indicaciones para unos análisis que debía hacerse la mañana siguiente.

Por aquí y por allá, anduvo Anita buscando sus documentos perdidos, “virando” la casa al revés: encima de los armarios, debajo de los colchones, en la vitrina, sobre el frío y nada…

Otra tía, mi mamá y yo le asegurábamos que historia clínica la había olvidado en el consultorio del médico de la familia, último destino de su itinerario durante el día, y ella que no, que estaba dentro de la casa.

Entonces, en medio de su desesperación, cansada de tanto buscar, le escuché decir: “Tendré que amarrarle los huevos al Diablo”.

“¿Cómo que amarrarle los huevos al Diablo?”, pregunté divertida.

“Niña esa es cosa de viejos y a veces da resultado, acotó mi mamá “muerta” de risa. Mira es fácil, le amarras con una tira la pata de la mesa y le dices al Diablo que hasta que no aparezca lo que andas buscando no le sueltas sus cositas”,

Enseguida con mucha curiosidad y casi olvidándome de mi pobre tía Anita y la urgencia de tener a mano la historia con los análisis, le pedí a mi mamá que me diera todos los detalles de tales menesteres:

“Debe exigirse con mucha seriedad, añadió, porque si él lo toma como gracia nunca encuentras el objeto perdido. A mi abuela cuando se le extraviaba algo tomaba una tira y acto seguido “castigaba” al Diablo o a la pata de la mesa y hasta que no aparecía, no soltaba. No lo sabías, porque esas son tradiciones que se han ido perdiendo”.

Como no se me ha extraviado nada en estos días, todavía no he tenido la oportunidad de amarrarle, eh…, eso mismo al Diablo, cuando lo haga escribiré otro post para contarles si el compañero cornudo respondió.