Una feliz coincidencia hizo que el 14 de junio, quizás por jugada de los astros o por el hilo invisible del que habló José Martí, ese “que une a los grandes hombres”, nacieran Antonio Maceo Grajales (1845) y Ernesto Che Guevara (1928).

Lo cierto es que, gracias a esa casualidad, Cuba atesora entre las páginas de su historia a un Titán y un Guerrillero, quienes tuvieron en común el ideal de libertad, de justicia e igualdad, principios que defendieron con el puño de las armas.

Antonio Maceo, figura cumbre de la gesta independentista en la Isla colonial de España, diestro con el machete, valiente, buen jinete, disciplinado y arrojado…

Intransigente representante de la dignidad de los cubanos en la Protesta de Baraguá, dejándole bien claro al gobierno español que no aceptaba  la paz sin independencia que pretendían los cobardes tras el Pacto del Zanjón.

Su vida como guerrero se resume en más de 800 acciones durante la guerra de los 10 años y 119 combates en la guerra de 1895, en poco más de año y medio.

El Titán, primero en desafiar el mar de proyectiles del enemigo y guía en el combate, así lo demuestran los más de 20 impactos que cubrieron su cuerpo. Tal valentía, inmortalizada a través del tiempo, llega hasta  nuestros días.

Hasta los enemigos alabaron no solo su valor, también su inteligencia y capacidad como estratega militar, demostrada en el campo de batalla, que  quedó encumbrada en la frase del Apóstol José Martí “tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo”.

El Che, desde temprano despertó en él la necesidad de conocer y recorrer con un amigo la América y palpar su cultura, identidad, males…, lo cual fue forjando su compromiso con las causas justas.

Quizás por ello no dudó en embarcarse con Fidel y otros compatriotas en el Granma para venir a luchar a nuestra tierra. Fue el halo del deber que lo trajo, en aras de buscar verdades, combatir injusticias y procurar libertades.

Fuerte de carácter, libre de espíritu, amigo entrañable de Camilo. Su destreza y ejemplaridad en combates como el de La Plata, El Uvero y otras acciones le valieron  para ser ascendido por Fidel en 1957, en la Sierra Maestra, al grado de Comandante.

La invasión a Occidente, que realizó frente a la Columna 8 Ciro Redondo, y  junto a la Columna 2, nombrada como el Titán y dirigida por Camilo Cienfuegos, le permitió repetir la proeza militar de Antonio Maceo y Máximo Gómez, durante la guerra necesaria, contra el ejército español.

Después del triunfo de la Revolución en enero de 1959, no dejó el fusil y puso en su espalda nuevamente la mochila para continuar luchando por sus sueños: ir cosechando libertades, cual gigante hacedor de paz e independencia.

Por ello, tal vez el azar, el destino o el hilo invisible al que se refirió Martí hizo tan rica la historia de los hombres de Cuba, cuando la coronó con el nacimiento de dos grandes un mismo día.

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