Todas las personas tienen el derecho a elegir cómo quieren vivir, ese es un derecho que toca “por la libreta”  cuando vamos creciendo, porque de pequeño, ni modo, vives como tus padres estimen y puedan.

Por tanto, pasado el tiempo establecido, tienes derecho a que los otros respeten tus decisiones, gustos, pensamientos, modos de vida y hasta preferencia sexual.

Y quise tomar como pretexto la fecha para reflexionar sobre el “mal genético” que tienen, desdichadamente,  muchos para juzgar, maltratar, alejar…a aquellos que viven y piensan de manera diferente.

He oído, por ejemplo,  decir que “no que va, yo no soy homofóbico, lo único que quiero es que los que tienen ese problema se mantengan alejados”. ¿Acaso esa no es una expresión discriminatoria? ¿Quién dice que tener tal o más cual preferencia sexual es sinónimo de enfermedad? ¿O que esa persona debe estar lejos para que no vaya a contagiar a los demás?

La cuestión no es hablar por hablar, de dientes para fuera y estar en la “onda” de la lucha contra la homofobia y repetir “yo no soy así” como una consigna rayada sin ningún sentido ni significado.

Se trata de tolerar, respetar y de pensar que elegir a la pareja según la orientación sexual, también es un derecho humano, y que quienes marginen o agredan física o psicológicamente, a homosexuales, bisexuales… están violando derechos elementales.

Y tener en cuenta que lo que importa es valorarlos como amigo/a, hijo/a, hermano/a… en fin, como ser humano que es, pues no es preciso ser homosexual o heterosexual para ser envidiosos, ambiciosos, egoístas…

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