He escuchado la frase que reza que si quieres ser bella tienes que sufrir, pero hay algunas prácticas que excedieron los niveles de sacrificio, tales como las que se popularizaron en toda China a partir del siglo XV y XVI para tener el “pie de loto dorado”.
En esa época la parte más erótica de la mujer china eran los pies, éstos debían medir sólo siete centímetros y ser delgados, pequeños, puntiagudos, arqueados, perfumados, suaves y simétricos.

El cruel ritual comenzaba a realizárseles a las niñas a la edad de cinco o seis años de manos de la propia madre. El momento ideal para la iniciación lo revelaba una consulta astrológica. En el día elegido la progenitora les ofrecía a los dioses pasteles y rogaba para que los pies de su niña fueran tan suaves como esos pasteles.

A partir de ese momento, luego de cortadas la uñas de las extremidades inferiores de las pequeñas, los pies se ponían a remojar dentro de una vasija en una mezcla de hierbas y sangre animal, para eliminar posibles infecciones.
La propia madre rompía los cuatro dedos más pequeños de su hija y los presionaba contra el talón para luego vendarlos con seda o algodón. El ritual se repetía cada dos días, durante 10 años.

Pasado los dos primeros, ambos pies medían aproximadamente 10 centímetros y el dolor, por supuesto era insoportable, puesto que las vendas se ponían más apretadas en cada ocasión. También fue habitual que el inhumano proceso causara graves infecciones.

Anuncios