A las 12 de la noche pasar por el frente de cualquier casa es un peligro, sí que nadie se asuste cuando hago esa afirmación, quizás demasiado absoluta, pero hay suficientes pruebas que indican que no estoy exagerando.
Las respuestas están en las tradiciones afrocubanas o cubanas, porque somos un ajiaco, como dijera el antropólogo Fernando Ortiz, con influencia española, africana, china y de otras culturas que condimentaron nuestra identidad.
Las 12 de la noche del 31 de diciembre es la campanada que indica que estamos dejando atrás un año y asoma la cara otro y para enlazar el nuevo y romper con el viejo, ponemos en práctica algunas “cosillas” para garantizar que en el próximo todo salga bien.
No es asombro para nadie ver a los vecinos, a algún familiar o a uno mismo arrojar a esa hora un jarro, palangana o cubo de agua por la puerta. En ese momento, peligro, porque no está exento de resultar bañado forzosamente al pasar frente a la puerta de cualquier casa o al dirigirse a desearle a sus colindantes felicidades.
Recuerdo la historia de un amigo de la familia que se lamentaba de su suerte cuando al pasar bien pegadito al corredor de una casa recibió gratis un baño de “bienvenida”.
Según él recogería todos los males de los que esas personas se despojaban arrojando al exterior el líquido.
Igualmente puede apoderarse de las influencias negativas que destile un coco al partirlo, si llega en ese momento y no da la respectiva vuelta por la izquierda para que ni en sueño recoja lo malo.
Tampoco es extraño en esa fecha ver en una esquina o pisar trozos de esta fruta, encargada de dar la letra de lo positivo o de los obstáculos a vencer en el recién parido período.
Así que ya está advertido, ande con cuidado y dese unos minutos para salir a la calle a festejar o felicitar a los demás por el advenimiento del nuevo año.

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