Ha pasado ya un año de haber salido de la casa gigante, aquella que durante tantas décadas acoge en su seno a miles de estudiantes de las provincias orientales y todo el país: la Universidad de Oriente. Digo casa porque en verdad nos pasábamos más tiempo allí que en nuestro hogares.
Me preguntaba con frecuencia por qué nunca había escrito sobre este brusco cambio de vida, pasar de la época de estudiante a la de trabajador.
Aunque algunos discrepen, cuando comenzamos a laborar en un centro comienzan a desaparecer sueños, anhelos… que son sustituidos por otros, pues las responsabilidades no son las mismas y la libertad es un poco limitada.
Desde el momento en que tomamos el título en las manos comienzan a asomarse a golpe un grupo de sentimientos mezclados: miedo, entusiasmo, curiosidad, valentía y estamos a la expectativa de lo puede pasar en ese primer día de trabajo.
Entonces llega la tan esperada fecha, y cuando va pasando el tiempo aparecen inquietudes respecto a la rentabilidad en el puesto, las opiniones de los superiores sobre tu labor y si eres capaz de competir profesionalmente con los que tienen más experiencia.
Pero también aparecen en ese grupo tan heterogéneo, los nuevos amigos, aquellos no tan jóvenes que siempre están dispuestos a compartir sus experiencias contigo, guiarte, enseñarte, aconsejar.
Están igualmente los jóvenes que igual que tú se sienten aún en pañales, por lo que el miedo se divide en más de uno. Con ellos pueden hablar sin tapujos algunos temas, festejar e inventar escapadas para esquivar la rutina.
Allí puedes encontrar amigos, sin importar edad, ni preferencias musicales, literarias….
No obstante, debes enfrentarte con ganas de Titán a aquellos que no creen que puedes lograrlo, los que te hacen la vida imposible, a los que olvidan que alguna vez tuvieron un comienzo, a los que te tratan con hipocresía, a los que piensan que son el ombligo del mundo.
Sin dudas, ellos se pierden el sabor de la sinceridad, la amistad, el respeto, la consideración, la solidaridad y el aprecio de los que les rodean y la posibilidad de sentirse parte del grupo.
De todas maneras, miles son las experiencias que adquieres en el largo camino laboral: conoces varias personas, caes y te levantas, sostienes discusiones y algunos hasta encuentran la persona con quien compartirán toda su vida.
Lo que sí debemos tener en cuenta es que nada, absolutamente nada, puede hacernos cejar en el empaño de hacer realidad los nuevos sueños de trabajador.

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