Cuántas veces hemos entrado en un establecimiento de comercio donde se expenden alimentos y el dependiente nos recibe con un cigarro en la boca, a pesar de conocer que en ese tipo de instalaciones fumar es una violación.
O no nos aventuramos a consumir en otros, porque estamos advertidos a priori por amigos, familiares o conocidos que el local presenta un deplorable panorama higiénico. O recibimos el “pan de cada día” de manos del que recoge el dinero. O nos despachen un refresco en un vaso mal lavado. ¿O…? ¿O…?
Muchos son los ejemplos que demuestran que la mala higiene en la presentación, elaboración y expendio de los alimentos continúa siendo una piedra en el zapato de los servicios gastronómicos guantanameros, lo cual atenta contra la calidad de los mismos y la salud de los consumidores.
¿Acaso no es una obligación cumplir con determinadas reglas epidemiológicas? ¿Cómo es posible que en algunos establecimientos particulares se respire higiene y en otros estatales ésta brille por su ausencia?
Similar imagen la presentan también locales donde el Gobierno ha hecho una considerable inversión para darle mejores condiciones, y son más las moscas en las mesas que los clientes, por la falta de limpieza.
¿Cómo se va a cometer la recuperación económica en el menor período de tiempo posible si estos, después de restaurados o inaugurados, presentan ese problema, y los encargados de variarlo no se preocupan por hacerlo?
Según consideran especialistas de Higiene y Epidemiología en la provincia la limpieza es la principal arma para combatir cualquier contaminación y las enfermedades gastrointestinales (diarreas, vómitos….) provocada por los alimentos.
Males que a veces son contraídos por el accionar irresponsable de aquellos encargados de elaborarlos o venderlos, a quienes sin dudas, poco les importa la salud de los consumidores de sus productos.
Al decir de los especialistas las medidas deben tenerse en cuenta desde el traslado y almacenamiento de los productos, los cuáles se colocan en locales limpios y se guardan con temperaturas que garanticen su conservación.
Igualmente no se puede toser o hablar encima de ellos, hay que lavarse las manos antes de manipularlos o después de ir al baño, así como tener agua para enjuagar los utensilios utilizados para servirlos, envasarlos…
Sin embargo, estas prevenciones al parecer le son ajenas a quienes laboran en esas instalaciones.
Tampoco es extraño encontrar en áreas de elaboración a algunos trabajando con aretes, sortijas y otras “gangarrias”, que le están prohibidas usar mientras laboran con alimentos y la persona que debe velar por su extricto cumplimiento, se hace el de la vista gorda, e incluso, incurrrre también en estas infracciones.
En el municipio cabecera, por ejemplo, en lo que va de año se han aplicado alrededor de mil 582 multas tanto en el sector estatal como en el particular mediante tres decretos- leyes que establecen las regulaciones higiénico-sanitarias. De ellas 67,3 por ciento corresponden a los programas de alimentos, en el que se incluyen los servicios gastronómicos y víveres.
Según las mismas fuentes los problemas más frecuentes, entre otras, en las instalaciones de comercio son la contaminación cruzada de los alimentos por su inadecuada manipulación y las dificultades con la disposición de los residuales líquidos y sólidos, es decir, que no se laven los depósitos luego de botar la basura.
Esto última violación puede acarrear la proliferación de vectores o la aparición de moscas, y en consecuencia la contaminación de los productos.
Hasta el momento los supervisores de higiene y epidemiología han efectuado alrededor de 970 paralizaciones totales o parciales de los servicios por violaciones de las normas higiénico-sanitarias.
Pero a pesar de ser corregidas las infracciones, éste es un fenómeno que tiende a aumentar, según valoran los inspectores, por tanto se requiere de una actitud más enérgica por parte de los encargados de hacer cumplir las legislaciones vigentes.
Entonces. ¿Habrá que resignarse entonces a convivir con estas deficiencias?
A pesar de ser un problema archiconocido continúa la falta de higiene sin tener una solución, lacerando la salud de los consumidores, la economía y el prestigio de los servicios gastronómicos en la provincia.

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